Me senté allí, escuchando el chirrido del columpio del porche a través de la pared mientras el viento soplaba afuera, y sentí que la siguiente parte de mi vida me esperaba.
No como un cartel motivacional.
Como una prueba.
Porque la verdad era que la discusión no había terminado.
No entre Frank y yo.
No entre generaciones.
No entre “responsabilidad personal” y “el sistema”.
La verdadera lucha estaba dentro de mí.
Entre la parte de mí que quería consuelo en este momento…
Y la parte de mí que quería un futuro.
Y ya podía sentir qué lado iba a empezar a susurrar la próxima vez que tuviera un mal día.
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