Un momento antes, la sala había sido un escenario de burla; ahora estaba llena de una ecuación resuelta, dedos manchados de tiza y un silencio denso. Los estudiantes comenzaron a grabar.
"¿Qué está pasando aquí?" preguntó la decana con una voz cargada de incredulidad y desaprobación.
Carmen se enderezó. Le contó la partida de Diego, las complicaciones del primer trimestre, la obligada elección entre la maternidad y los estudios, la beca perdida y cinco años de trabajo arruinados por un solo semestre de enfermedad.
Sus palabras fueron profundas y verdaderas. El silencio se hizo más denso. Sebastián intentó salvarse:
“Fue una broma académica”, balbuceó, minimizando su humillación.
"¿Llamar a mi hijo "promedio" también fue una broma?", respondió Carmen, con los ojos brillantes. "No fue solo una apuesta".
Ana, quien estaba grabando el incidente, confirmó los hechos. Los estudiantes levantaron sus teléfonos.
La prueba era irrefutable: Sebastián la había humillado públicamente al apostar una suma que ahora se convertía en una deuda de honor.
La decana y Castillo intercambiaron miradas. Las autoridades institucionales no podían ignorarlo: una brillante investigadora, injustamente castigada y humillada públicamente, ahora recuperaba su puesto. La presión crecía como un maremoto.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.