Pero ojo: esto no es un indicador de salud ni una característica distintiva. No hacen a nadie más eficiente ni más en forma. Simplemente forman parte de la vasta diversidad de la morfología humana, como la forma de la nariz, el color de los ojos o la forma en que se riza el cabello. En otras palabras: un detalle bonito, nada más y nada menos.
¿Por qué nos fascinan tanto?
Quizás porque cuentan una historia: la historia de un cuerpo único, moldeado por la genética, pero también por nuestra forma de vivir y movernos. O porque añaden un toque de sensualidad muy discreta, como un lunar en el punto justo. Y seamos sinceros: en un mundo donde a menudo nos centramos en nuestros defectos, descubrir un detalle encantador proporciona una pequeña sensación de confianza que nos hace sentir bien. Algunos incluso lo ven como una seña de identidad física natural , o un " pequeño extra estético " que llama la atención espontáneamente.