¿Por qué una postura audaz?
"Estoy protegiendo mi propiedad", dijo Marina, tomando su teléfono. "Tengo todos los documentos. Y un abogado. Así que si no te vas de aquí en cinco minutos, llamaré a la policía".
—Es un engaño —susurró Andrew.
“Comprobado”, introdujo el número.
La miró, y en sus ojos ella vio no solo miedo, sino también nerviosismo. Miedo de perderla. Pero ya era demasiado tarde.
—De acuerdo —agarró su chaqueta—. ¿Es esto lo que querías? Ya lo conseguiste.
“He conseguido justicia”, afirmó Marina.
Andrew se fue sin mirar atrás. Valentina P. se quedó allí un segundo, lanzándole una última mirada venenosa, y luego siguió a su hijo.
La puerta se cerró.
Marina se quedó sola.
El apartamento volvió a quedar en silencio. Se sentaron en el sofá, con el teléfono cayendo de sus manos. Las lágrimas fluían libremente, no de debilidad, sino de alivio. Era libre. Pero esta libertad tenía un sabor amargo.
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