Otra causa común es un cambio en el sistema de sincronización interno del cuerpo.
Muchos adultos mayores sienten sueño más temprano por la noche. Si alguien se acuesta a las 9:00 p. m., su cuerpo puede completar naturalmente su ciclo de sueño alrededor de las 3:00 o 4:00 a. m.
No siempre se trata de insomnio: a veces es simplemente un nuevo ritmo.
El cambio puede hacerse más notorio cuando:
- Una persona se jubila
- La interacción social disminuye
- Las responsabilidades diarias disminuyen
- Las tardes se vuelven más tranquilas
- Sin señales externas fuertes, el cuerpo depende más de su reloj interno.
3. Malestar físico y factores de salud

El cuerpo también puede despertarse en respuesta a una leve molestia física que no es evidente durante el día.
Los contribuyentes comunes incluyen:
- Artritis o dolor articular
- Molestias en la espalda
- Reflujo ácido nocturno
- Boca seca
- calambres musculares
- Fluctuaciones de temperatura
La necesidad de ir al baño es especialmente común. A medida que la vejiga se vuelve más sensible con la edad, las idas nocturnas pueden aumentar.
Ciertos medicamentos también pueden influir en el sueño provocando:
- Micción más frecuente
- Cambios en la temperatura corporal
- Un sueño más ligero y menos reparador
- Muchas personas no se dan cuenta de la conexión hasta que lo discuten con un proveedor de atención médica.
4. Hábitos de estilo de vida que afectan el sueño
Las rutinas diarias influyen en gran medida en los patrones de sueño.
Después de la jubilación o durante fases de vida más lentas, las personas a menudo:
- Cenar más temprano
- Muévete menos durante el día
- Duerme una siesta más larga
- Pasar las tardes en entornos con pocos estímulos
- Estos hábitos pueden indicarle al cerebro que el “día” termina antes, fomentando así que nos despertemos más temprano.
Otras influencias sutiles incluyen:
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