ADVERTISEMENT

MILLONARIO LLEGA A CASA TEMPRANO, Y LA EMPLEADA DOMÉSTICA LE DICE: “NO HABLES…” LA RAZÓN LO DEJA HELADO…

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT

Esto era más grande. Más sucio.

Y en ese instante, un sonido mínimo traicionó la tensión: el teléfono de Ricardo, en el bolsillo, vibró una sola vez.

Una vibración corta… pero suficiente.

Elena se quedó inmóvil.

—Escuchaste eso? —preguntó, con la voz afilada.

Alfonso miró hacia el pasillo.

Ricardo se congeló. Marta llevó una mano temblorosa al bolsillo de él y, con una rapidez increíble, apagó el móvil a ciegas.

Elena caminó hacia el armario.

Cada paso era un martillazo.

Ricardo sintió que su vida se estrechaba en ese espacio oscuro. Marta lo miró con ojos de “confía”.

Elena se detuvo frente a la puerta.

—Marta —llamó con una calma falsa—. ¿Estás ahí?

Silencio.

Ricardo escuchó su propia sangre.

Elena se acercó al rostro a la rendija, como si olfateara.

—Marta… —repitió—. Abre.

Un segundo eterno.

Y entonces Marta, con una serenidad milagrosa, respondió desde afuera, sin abrir:

—Señora Elena… fui a la cocina por hielo.

Ricardo casi no entendió cómo lo hizo. Marta había salido.

¿En qué momento?

Marta no estaba dentro.

Ricardo estaba solo.

La cambió de forma: Marta se había sacrificado para sacarlo de la vista, para distraerlos.

Elena frunció el ceño.

—¿Hielo? ¿A esta hora?

—Usted lo pidió para el vino —contestó Marta, firme—. Ya lo llevo.

Elena se alejó un paso.

Alfonso se acercó a ella.

—Déjala. Si fuera alguien más… lo sabría.

Elena irritante, pero su sonrisa no era bonita.

-Si. Si hubiera sido alguien más, ya estaría muerto.

Ricardo se quedó sin aire.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT