ADVERTISEMENT

MILLONARIO LLEGA A CASA TEMPRANO, Y LA EMPLEADA DOMÉSTICA LE DICE: “NO HABLES…” LA RAZÓN LO DEJA HELADO…

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT

MILLONARIO LLEGA A CASA TEMPRANO, Y LA EMPLEADA DOMÉSTICA LE DICE: “NO HABLES…” LA RAZÓN LO DEJA PARALIZADO…

La mano de Marta se aferró a mi brazo como una garra desesperada.

Sus ojos, normalmente serenos, ahora ardían con un terror que jamás había visto.

—Silencio, don Ricardo. Por el amor de Dios, no haga ningún ruido —susurró, con la voz quebrada.

Y entonces me empujó hacia la oscuridad.

Nunca imaginé que aquel gesto brusco me salvaría de una muerte segura.

 

Ricardo Santoro era un hombre acostumbrado a que el mundo se moviera a su ritmo.

Un empresario poderoso, respetado en los círculos más exclusivos, temido por sus competidores.

Esa noche decidió regresar a su mansión tres días antes de lo previsto.

Quería sorprender a Elena, su esposa.

Pensó en su sonrisa, en la cena íntima que podría preparar.

Pequeños gestos que el trabajo le había robado últimamente.

El salón se veía extrañamente iluminado cuando cruzó el umbral.

Las lámparas de araña de cristal proyectaban sombras inquietantes sobre el mármol italiano.

Todo parecía dispuesto, como si alguien estuviera esperando a un visitante.

Ricardo frunció el ceño.

Eran casi las once de la noche.

Elena solía acostarse temprano cuando él viajaba por trabajo.

De pronto, unos pasos apresurados resonaron desde el pasillo lateral.

No eran los delicados tacones de Elena, sino pisadas torpedos, vacilantes, cargadas de tensión.

Marta apareció como un fantasma.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT