Explíqueme eso, doctor”, dijo Roberto con una suavidad que era más cortante que cualquier grito. “Explíqueme con su ciencia cómo mi hijo paralítico acaba de cruzar su consultorio.” Vayadares tartamudeó buscando palabras técnicas que no llegaban. Esto, esto es una anomalía. Es la plasticidad cerebral en esta etapa es impredecible, pero la regeneración nerviosa a este nivel, sin intervención quirúrgica, es es inédita.
¿Qué hicieron? ¿Qué terapia usaron? ¿A qué centro lo llevaron? Necesito el nombre de los especialistas. Roberto caminó hasta quedar frente al escritorio, apoyando las manos sobre la madera caoba. Miró al médico a los ojos. Y luego señaló a Elena, que estaba en la esquina besando las mejillas de Pedrito. “La especialista está ahí”, dijo Roberto.
No tiene doctorado, no tiene clínica, tiene amor y tiene la paciencia que ustedes nunca tuvieron. Ustedes trataron un diagnóstico. Ella trató a un niño. Pero, señor Roberto, intentó argumentar el médico sacudido en su orgullo profesional. Esto hay que documentarlo. Es un caso de estudio. Debemos hacer resonancias, entender como no cortó Roberto tomando la tablet de las manos del médico y dejándola sobre la mesa.
Mi hijo no es un caso de estudio, es un niño. Y ya terminamos con los hospitales, ya terminamos con las etiquetas de no puede. Roberto se giró hacia Elena y le extendió la mano. Ella se acercó con Pedrito en brazos. La familia, porque eso eran, aunque no hubiera papeles, se paró unida frente a la autoridad médica derrotada.
Vámonos”, dijo Roberto. “Aquí huele a miedo” y a Pedrito ya no le gusta el miedo. Salieron del consultorio con la cabeza alta, dejando atrás al hombre de ciencia, revisando frenéticamente sus notas, tratando de encontrar una ecuación lógica para explicar el milagro del amor humano. Al cerrar la puerta, Roberto sintió que cerraba el capítulo más oscuro de su vida.
La silla de ruedas no solo había quedado en el garaje, había quedado en el pasado. La validación y la renuncia al poder. El sol de la tarde bañaba el parque de la ciudad con una luz dorada y cálida. No era el jardín privado y cercado de la mansión. Era un parque público con césped real, con perros corriendo, con otros niños gritando.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.