Miré el mapa de Silicon Valley en la pared del aeropuerto. Este era el lugar donde se construyeron imperios con solo determinación y código.
Me froté el estómago suavemente.
—Ya estamos en casa, bebés —susurré.
Tenía suficiente capital para fundar diez empresas. Tenía la inteligencia que siempre subestimaron. Y ahora, tenía cuatro razones para no perder jamás.
Julian Sterling, disfruta de tu boda. Porque en cinco años, volveré a comprar tu imperio.
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