Un nuevo comienzo
Me fui a vivir con mi hermana Rosa a la capital. Me compré un pequeño departamento, hice nuevos amigos, me anoté en talleres y encontré un nuevo propósito en un comedor infantil donde ayudaba como voluntario. Allí conocí a Esperanza, con quien me casé tiempo después. Ella y su familia me recibieron con amor y respeto. Por primera vez en años, me sentí valorado.
La verdadera riqueza
Financié meriendas para 200 niños y me convertí en el “abuelo Eduardo” para decenas de chicos que me esperaban con abrazos y dibujos. En esos pequeños gestos encontré el amor y el sentido que había perdido con mi propia familia. Andrés me llamó después de que Patricia lo dejara, arrepentido, pero ya era tarde. Lo que se rompe con desprecio no se arregla con palabras.
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.