Con el tiempo, Valeria inició el proceso legal para reconocer oficialmente a los gemelos como herederos.
No por obligación.
Sino por elección.
Una noche, mientras sostenía a uno de los pequeños en el jardín lleno de rosas rojas, sintió una paz que jamás había conocido.
Isabel se acercó lentamente.
—Nunca pensé que esto terminaría así.
Valeria miró el cielo estrellado.
—Yo tampoco.
Hubo silencio.
—¿Los odias? —preguntó Isabel en voz baja.
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