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La Huérfana Pobre Que Fue Expulsada de Casa Bajo la Lluvia, Pero Conoció a un Apuesto Multimillonario Que Cambió Su Vida Para Siempre

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—Me gusta diseñar ropa —confesó en voz baja—. No solo arreglarla. Diseñarla.

Alejandro la observará con interés genuino.

—Entonces empecemos por ahí.

Los días siguientes fueron como un sueño que avanzaba con pasos firmes. Alejandro la ayudó a inscribirse en un curso técnico de diseño en la ciudad. Le ofreció trabajo temporal en el área administrativa de una de sus empresas mientras estudiaba, para que pudiera sostenerse por sí misma.

—No es caridad —le aclaró—. Es una oportunidad. El resto depende de usted.

Isabella trabajó con disciplina feroz. Estudiaba hasta tarde. Dibujaba en cada momento libre. Guardaba cada peso.

Alejandro la veía crecer. No solo en habilidad, sino en confianza.

Con el tiempo, su relación cambió. No fue repentina. No fue impulsiva. Fue construido en respeto.

Una tarde, meses después, Isabella presentó su primera pequeña colección en un evento local patrocinado por una de las fundaciones de Alejandro.

Cuando salió al final del desfile, el público aplaudió con entusiasmo.

Desde la primera fila, Alejandro la miraba con orgullo silencioso.

Esa noche, mientras caminaban por una terraza iluminada con vista a la ciudad, Isabella habló primero.

—Si no se hubiera detenido aquella noche…

—Me habría arrepentido el resto de mi vida —respondió él.

Ella sonrió.

—Yo también.

El viento era suave ahora. Nada que ver con la tormenta que los había unido.

Alejandro tomó su mano con cuidado, como si pidiera permiso incluso en ese gesto.

Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.

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