La palabra clave a recordar es equilibrio.
No ducharse durante unos días no es un desastre, pero tampoco es ideal a largo plazo. Por el contrario, esforzarse demasiado por estar limpio puede ser tan perjudicial para la piel como la falta de higiene.
Encontrar tu propio ritmo, respetar tu piel y priorizar la suavidad sigue siendo la mejor estrategia para sentirte fresco, cómodo y bien en tu cuerpo cada día, sin excesos ni culpas.