3. Viaje a lo desconocido
Unos minutos después, su Maybach surcó la bulliciosa ciudad a medianoche. Dentro, reinaba un silencio más denso que el acero.
Harrison miró fijamente a la mujer que acababa de arruinar un negocio multimillonario. "¿Cómo te llamas?"
“Isabella Rossi.”
"Así que eres camarera."
Durante cinco años. Antes de... Caltech. Química computacional. Doctorado.
Su expresión cambió. "¿Quién fue tu asesor?"
"Marcus Albright."
Una lenta y amenazante comprensión se dibujó en sus ojos. «Conozco su trabajo. El artículo que coescribió con Kendrick es la base de nuestro proyecto».
Isabella asintió. «Es mi investigación. Y está mal».
4. Prueba
En su oficina de cristal del piso sesenta, Harrison le entregó un rotulador. «Pruébalo».
Durante una hora, el multimillonario la interrogó: ecuaciones, principios cuánticos, las variables más complejas. Respondió a cada pregunta sin rodeos, con la mente brillante como el reactor que soñaba con crear. El tablero estaba cubierto: acoplamiento espín-órbita, correcciones relativistas, correcciones sigma.
Cuando terminó, la verdad era innegable. La ecuación de Kendrick habría provocado una explosión. Harrison exhaló lentamente. «No solo evitaste una mala inversión. Puedes salvar la empresa».
Se enderezó. «Te doy acceso total a nuestros servidores de I+D. Encuentra pruebas de que Kendrick lo sabía».
Los viejos reflejos de Isabella despertaron de nuevo. «Puedo hacerlo».
5. En el corazón de la máquina
El laboratorio de I+D brillaba con una fría luz azul, lleno del zumbido de los servidores. Antes de irse, oyó la voz de Harrison: «Mi jefe de seguridad encerrará a Kendrick. Tienes una noche».
Las horas transcurrieron a toda velocidad. Isabella revisó terabytes de registros de simulación, buscando informes actualizados en busca de cualquier indicio de manipulación. A las 3:17, lo descubrió: un pico de energía durante nanosegundos, oculto bajo la nota "error del sensor". Exactamente lo que sus correcciones matemáticas habían predicho.
Kendrick no se había equivocado. Había ocultado la verdad: había programado el sistema para guardar datos. Y lo había hecho docenas de veces. Entonces, en lo más profundo del sistema operativo, encontró una carpeta titulada "MA_Contingency". Se le encogió el estómago. MA: Marcus Albright.
Estaba encriptado. Escribió una frase que su antiguo profesor repetía una y otra vez: «Eres sutil, pero no eres malvado».
El sistema se abrió. Dentro había dos archivos: un registro y una grabación de audio. El registro mostraba 5 millones de dólares en pagos en criptomonedas de una empresa secreta de las Islas Caimán: OmniGen Holdings, el mayor rival de Harrison Sterling.
El audio era aún peor. La voz de Kendrick susurra: «En cuanto Sterling firme, revelaremos la laguna legal. Las acciones se desplomarán, OmniGen recomprará las patentes. La aprendiz de Albright arregló los cálculos hace años; tengo su fórmula. Nunca lo sabrá».
La mano de Isabella tembló. No solo le habían robado su obra, sino que la habían usado para destruir otras vidas.
Copió los archivos a una memoria USB. En ese momento, una alarma. Acceso no autorizado detectado. Las identificaciones de Kendrick. Un comando de borrado remoto. Y entonces, una intrusión física. Alguien venía.
6. Escapar
Las cerraduras magnéticas se cerraron de golpe. El zumbido de los servidores se volvió amenazante. Isabella estaba atrapada.
A través de la puerta de cristal, vio una sombra: Kendrick, golpeando el panel de acceso, intentando abrirlo. Quería borrar todo rastro, y a ella con ellos.
Reconoció la toma de corriente detrás del estante. Usando el taburete como palanca, desatornilló los tornillos, cortándolos con la piel de la mano. El metal crujió.
Se deslizó dentro del estrecho conducto, sosteniendo la llave cerca del pecho. La oscuridad la consumía. Solo el resplandor del teléfono moribundo la guiaba a través del laberinto de ventilación.
Tras ella, resonaba el chirrido de un taladro. Frente a ella, el ritmo de los ventiladores parecía el latido de un corazón mecánico.
Cuando la luz se apagó, ella se arrastró hacia el aire.
Finalmente, sus dedos encontraron una escalera. Bajó dos tramos de escaleras, empujó una trampilla oxidada y aterrizó en el suelo de una oficina vacía: jadeante, sucia, viva.
7. Colisión
Mientras bajaba corriendo las escaleras de emergencia, cada paso sonaba como su corazón.
En el vestíbulo, lo vio: Harrison Sterling, rodeado de seguridad, con expresión de enojo. Al verla, su ira se transformó en alivio.
Tenía una llave negra en la mano. "Lo tengo todo."
El ascensor emitió un pitido.
Kendrick emergió, pálido, sudoroso, taladro en mano. Sus miradas se cruzaron.
En un instante se abalanzó, no hacia Harrison, sino hacia ella.
Los dos agentes se abalanzaron sobre él y lo tiraron al suelo de mármol.
El taladro se estiró.
Harrison no reaccionó a Kendrick. Solo vio a Isabella. "Terminemos con esto".
Para conocer los tiempos de cocción completos, vaya a la página siguiente o abra el botón (>) y no olvide COMPARTIR con sus amigos de Facebook.