Esta silla no representa aislamiento, sino madurez emocional. Significa que, pase lo que pase afuera, tú sigues estando para ti. Y desde ese lugar, eliges mejor a quién permitir sentarse a tu lado.
Porque cuando aprendes a no abandonarte, nadie puede hacerlo por ti.
Este ejercicio no pretende predecir el futuro ni definir tu destino. Es una invitación a mirar hacia adentro y preguntarte:
-
¿Quién ha permanecido conmigo cuando todo cambió?
-
¿A quién estoy eligiendo para caminar mi vida?
-
¿Estoy siendo esa persona que no se abandona?
A veces, la respuesta no está en quién se sienta a tu lado…
sino en quién nunca se levantó, ni siquiera cuando todo se derrumbó.