Mito 3: “Si no tienes la cicatriz, no te vacunaron”
Muchas personas comparan los brazos de amigos o familiares y asumen que la presencia o ausencia de la cicatriz prueba si alguien fue vacunado.
La verdad:
No todas las personas que reciben la vacuna BCG desarrollan una cicatriz visible. Algunas personas sanan con poca o ninguna marca. En otras, la cicatriz puede haber disminuido considerablemente con el tiempo.
La ausencia de una cicatriz no significa automáticamente que una persona nunca haya sido vacunada, así como tener una cicatriz no indica una inmunidad más fuerte o más débil.

Mito 4: “La cicatriz significa que tu sistema inmunitario está débil o dañado”
Otro temor es que la cicatriz sea una señal de un daño a largo plazo al sistema inmunológico o de una vulnerabilidad continua a las enfermedades.
La verdad:
La cicatriz de la BCG no es un signo de debilidad inmunitaria. De hecho, representa una reacción inmunitaria normal a la vacuna. El cuerpo reconoce las bacterias debilitadas presentes en la vacuna y genera una respuesta localizada, que puede dejar una pequeña marca.
En muchos casos, la vacuna se ha asociado con un entrenamiento inmunitario positivo, especialmente en las primeras etapas de la vida. La cicatriz en sí no tiene efectos negativos sobre la salud.
Mito 5: “Es peligroso o algo que debería eliminarse”
Algunas personas se sienten cohibidas por la cicatriz y les preocupa que pueda ser peligrosa, anormal o algo que requiera tratamiento médico.
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