Si quieres que tu ropa esté casi seca después de sacarla del tambor, vuelve a meterla en un ciclo de lavado adicional. El secreto está en colocar una toalla de felpa grande, limpia y completamente seca junto a ella. Es importante no arrugarla, sino extenderla holgadamente entre las demás prendas para que tenga la mayor superficie de contacto posible.
En cuanto actives la velocidad de centrifugado más alta, la toalla seca empezará a absorber la humedad de la ropa mojada, como una esponja en la lavadora. Al final del ciclo, notarás que la toalla está pesada y húmeda, pero tu camiseta favorita solo estará ligeramente húmeda. Bastará con unos minutos de aireación o un planchado rápido para secarla por completo. Cuanta menos ropa cargues a la vez, más espectacular será el resultado.
Rotación inteligente y flujo de aire
Si aún necesitas usar la secadora, no importa cómo la cargues. El error más común es apilar la ropa, lo que impide que el aire circule entre las capas. Coloca siempre las prendas que necesitas con más urgencia en el borde de la secadora o a una distancia adecuada del resto de la ropa.
Es recomendable darle la vuelta a la ropa después de unas horas. Esto se debe a que el agua drena más lentamente de las costuras internas y las partes más gruesas (como bolsillos o cinturones). Darle la vuelta a la ropa permite que el aire llegue a las zonas previamente obstruidas. También es útil colocar la secadora en el lugar más seco de la casa o cerca de un deshumidificador. Una secadora absorbe la humedad de la ropa, lo que no solo acelera el secado, sino que también mantiene el aire más fresco.
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